Ricard III en el TNC

Ricard III es un texto mundialmente conocido, que huele a tragedia desde el principio y, posiblemente, uno de los grandes textos de la historia teatral con un protagonista solo apto para actores consagrados y con carisma. Xavier Albertí, se pone al frente de esta producción que puede verse desde la semana pasada en el TNC y que cuenta con Lluís Homar encarnando a Ricard III como uno de sus grandes reclamos.

Lluís Homar se pone en la piel del rey más controvertido entre todos los grandes personajes creados por el monstruo de Stratford para protagonizar este magnético viaje al fondo del alma humana y el dolor que pueden causar las dificultades de aceptar la propia identidad. Un periplo conmovedor, con una teatralidad explosiva heredada de los grandes retablos dramáticos medievales.
La ascensión imparable de un ser marginado debido a las deformidades físicas, que con sus ansias insaciables de poder llegará a ocupar el trono de Inglaterra hasta acabar atrapado en el remolino de sus propios vacíos, dispuesto a ofrecer todo el reino por un simple caballo que le permita continuar su lucha.

Foto 1 Ricard IIISe abre el telón y descubrimos a Ricard III (Lluís Homar) encima de un piano, empieza con su monólogo y enseguida vemos a un personaje canalla, amoral, con ansias de poder, cruel y con una oratoria venenosa pero sutil al que Homar encarna con suma maestría. Desde el primer momento se dirige al público, rompiendo la cuarta pared y creando cierta empatía. En el montaje se presenta la fealdad y la deformidad que debe mostrar el personaje de Ricard, vistiendo a Homar con un sinfín de prótesis: collarín, un corsé e incluso hierros en una de las piernas a lo Forest Gump.

Acompañan a Homar en el escenario un reparto de 13 actores experimentadosFoto 15 Ricard III entre los que destacan Julieta Serrano –que celebra sus 60 años de carrera-, Anna Sahun, Carme Elias, Joel Joan, Oriol Genís, Lina Lambert i los cantantes líricos, Robert González y Antoni Comas que aportan un toque distinto al montaje.

Destaca también un vestuario contemporáneo y elegante, donde predomina el negro y los colores oscuros y una escenografía original a base de metal y vidrio, sobria y en la que el video y las proyecciones juegan un papel importante. Como colofón, una impecable y deliciosa la escena final que culmina con la famosa frase “¡Un caballo! ¡Mi Reino por un caballo!” en la que aparecen los fantasmas de los que ya no están de manera original y en la que Lluís Homar demuestra otra vez más su fuerza interpretativa.

No os perdáis este clásico universal, que ha intentado mantenerse fiel al texto original y que explica una historia donde lo más importante es ganar la partida sin importar como, a costa de la mentira, el engaño y el abuso de poder.

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