A la Burgesa en el Teatre del Raval

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Ayer pudimos disfrutar del estreno de este musical con sabor a opereta que, anteriormente, se interpretó en el teatro Akadèmia.


cartell-vertical-950x1343Los relatos de Arthur Schnitzler rompieron, en su momento, los tabús de la sociedad vienesa que describía, hablando en plata, era un gamberro y un cínico.

Los burgueses de nuestro musical, aburridos de su vida, deciden disfrazarse de “pobres” para vivir la emoción de una aventura amorosa de otra clase social. El azar hace que se encuentren y se enamoren. Lo peor de todo es que se fijan el uno en el otro cuando van vestidos de una manera que detestan. Si se hubieran visto con sus ropas habituales quizá ni se habrían fijado. Ésta hipocresía, ésta superficialidad y éste sufrimiento amoroso que vivirán nuestros protagonistas, es la clave que utiliza Schnitzler para reírse de las tonterías que nos hace hacer el amor.  Con la premisa de presentaros una propuesta divertida a partir de Die kleine komödie (1983) (una historieta de Schnitzler), jugaremos a disfrazarnos y espiar las cartas que Alfred y Josephine, los dos protagonistas de nuestra comedia escriben a sus amigos y a ritmo de opereta veremos como maquillan la verdad, la edulcoran y esconden; mientras el espectador ríe con sus aventureas y desventuras.


 Tenía una ligera idea de lo que iba a ver, pero como suele pasar en estos proyectos de pequeño formato te puedes encontrar con algo muy simple o con una sorpresa agradable, pues bien, A la burguesa es un espectáculo de poco más de una hora, con una historia entretenida, sencilla que no necesita mucha concentración por parte del espectador pero que, a su vez distrae de forma agradable, provoca alguna sonrisa y, en definitiva, deja un buen sabor de boca que es lo que realmente importa.Unknown

La historia entre Josephine y Alfred transcurre en Viena en tiempos pasados, donde las clases sociales estaban muy marcadas y es tan simple, como previsible aunque alocada por lo que realizan los personajes, ese cambio de estatus social al disfrazarse les permite conocerse y al mismo tiempo vivir situaciones “cómicas” que en su condición social habitual no les sucederían. Mediante las cartas que ambos escriben a sus amigos, el espectador es partícipe de los sentimientos de cada uno.

Dos actores y dos músicos es lo que encontramos en escena; además de una escenografía colorida a partir de algunos cuadros que se utilizan de fondo, con dos escritorios.

Simple, necesario y suficiente.

Laia Piró  y  y Albert Mora  interpretan a Josephine Weningers y Alfred Von Wilsmers,   con dos actuaciones más que correctas a nivel de canto como por la gesticulación que se hace necesaria en muchos momentos y a ellos les acompañan Josep Ferré al piano y Ana Fernández/ Laura Marín al violín para crear las melodías.

Lo dicho, una obra de época que mezcla la comedia con la música, en forma de opereta, RECOMENDABLE, para pasar una rato agradable.

En el teatro del Raval hasta el 24 de mayo.

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